Por: Nancy Mariela Torres Rojas, Estudiante de la Licenciatura en Lenguas
Modernas e Interculturalidad.
Desde pequeña he sido muy consciente de mis diferencias con otras personas, ya sea en gustos,
manera de hablar o en la personalidad, pero siempre hubo una que destacaba especialmente, mi
discapacidad.
De niña fui diagnosticada con atrofia muscular espinal, una enfermedad que, entre otras cosas,
causa movimiento limitado. Debido a esto, soy usuaria de silla de ruedas y lo he sido la mayor parte
de mi vida.
Desde temprana edad, me daba cuenta de que los demás no siempre me trataban igual; y aunque
yo sabía que había aspectos de mí que no eran del todo como los de los otros niños, no me daba
cuenta por qué. Sabía que había cosas que no podía hacer o para las que necesitaba ayuda y también
que había ocasiones en las que alguien me decía que era un “angelito”, o me acariciaba la cabeza, o
le decía a mi mamá que, si tenía fe, Dios podría curarme; y, aun con todo esto, no me quedaba claro
el motivo de la barrera que no me era visible, pero si evidente.
Afortunadamente tuve la oportunidad de estar en espacios que me facilitaban ver a otros niños que
estaban en la misma situación que yo y fui conociendo el mundo a mi alrededor desde una
perspectiva libre con apoyo de mi familia, escuela y amigos.
Desafortunadamente, no todas las personas me veían como yo me veo a mí misma; y, al irme
descubriendo, también tuve que descubrir a los demás. Descubrí prejuicios, estigmas y barreras
invisibles que me impedían existir plenamente en todo tipo de espacios. Todo comienza por la
evasión, porque es más cómodo no hablar de las cosas o no llamarlas por su nombre, excepto para
quienes estamos de lado de los que callan.
Evitar hablar de nosotros no brinda soluciones, sino que genera vergüenza; y el uso de términos
deshumanizantes solamente exacerba este sentimiento. Las palabras o son sólo eso, pues tienen
impacto en las personas.
Ahora me doy cuenta de que no soy la primera persona que ha vivido estas experiencias; pero
espero que, como sociedad, avancemos lo suficiente para que un día haya una última y nadie de
nosotros tenga que esconderse ni avergonzarse de sí mismo.












Lamentablemente nos falta mucho como sociedad para vernos todos como iguales en derechos y ser incluyentes con todos. La Universidad pone su grano de arena en este esfuerzo titánico.
buenos días
Estimada Nancy, me gusto mucho tu información y admiro tu fuerza y dedicación
comparto que con palabras sencillas pero con mucho significado hacemos la diferencia y que ademas no cuestan nada, hay muchos jóvenes que teniendo sus “capacidades” se pierden en las drogas u otras cosas terminando en ocasiones su vida muy pronto.
Felicidades y bendiciones Nancy