Por: Ximena Guerrero Maldonado, Estudiante de tercer semestre de la Licenciatura en Arquitectura integrante del grupo estudiantil Club 25
Nunca imaginé que la impotencia podría ser una maestra tan implacable; pero, ¿por qué tenemos que esperar a que algo malo nos pase para cambiar? Tenía apenas unos años menos que los requeridos para ser donante cuando mi papá fue sometido a una operación muy delicada. Recuerdo cómo mi familia se desvivía por conseguir donadores; llamamos a amigos, vecinos, conocidos lejanos… No olvido cómo cada gota de sangre se volvía una esperanza. Yo quería donar, pero como era menor de edad, no podía hacerlo. Ese sentimiento de frustración es algo que no podré olvidar.
Fue entonces cuando entendí que donar sangre no era sólo una buena acción: muchas veces, es la diferencia entre la vida y la muerte. Desde el momento en que cumplí la edad legal para hacerlo, estuve dispuesta a sumar para que menos personas sintieran esa angustia.
Hasta el día de hoy, he donado sangre varias veces. Cada una de ellas ha sido distinta, pero todas me han dejado una sensación de satisfacción profunda. Saber que, con algo tan sencillo y natural como lo que corre por nuestras venas, podemos salvar vidas, es un recordatorio poderoso de lo conectados que estamos como seres humanos. Pero no me quise quedar solamente con eso. Siempre podemos hacer más por los demás.

Me integré al grupo estudiantil Club 25, de la Universidad La Salle Bajío. Este año pude organizar la campaña de donación de sangre. Fue un reto: hubo que hablar con autoridades, motivar a estudiantes, coordinar con centros de salud… Pero cuando vi a los voluntarios y voluntarias llegar, uno tras otro; con nervios, sí, pero también con ganas de ayudar, supe que valía totalmente la pena. Esa jornada no sólo recaudó unidades valiosas de sangre, sino que también sembró una semilla de altruismo colectivo.
Hoy escribo esto para ti, que quizás nunca has donado, o que lo has pensado pero no te has decidido. No esperes a vivir una situación límite para entender el valor de una donación. Una bolsa de sangre puede salvar hasta tres vidas. Y tú, sin saberlo, podrías convertirte en el héroe anónimo que alguien necesita desesperadamente.
Dona sangre. No cuesta mucho… pero vale todo.











Muchas felicidades Estimada Ximena, que gran testimonio y sobre todo que gran muestra de amor para con los demás. Me encantó que no solo viste la necesidad sino que decidiste ponerte en acción y poner en acción a otros para multiplicar la ayuda a quien más lo necesita. No tengo duda de que tu testimonio y amor por el prójimo seguirá haciendo eco en muchos corazones y que muchos otros corazones estarán siempre agradecidos orando a Dios para que a su héroe anónimo siempre le vaya bonito.