Por: Dra. Tania Ruiz Vera, Investigadora de Tiempo Completo
“La contaminación nunca debe ser el precio de la prosperidad”.
-Al Gore
Un día para concientizar nuestro impacto en el Planeta
Hoy, 5 de junio, se conmemora el Día Mundial del Medio Ambiente, una fecha designada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), mismo que fue establecido por primera vez por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1972.
Es un movimiento global conformado por gobiernos, empresas y la ciudadanía, cuyo objetivo es fomentar la conciencia ambiental, la sostenibilidad y estimular la toma de decisiones en favor de la restauración de nuestro planeta. Este 2025 se hace un llamado a la acción colectiva para enfrentar el desafío global de la contaminación por plásticos, mediante una campaña que busca motivar a adoptar prácticas sostenibles que impulsen un cambio sistémico.
¡Unámonos al movimiento #SinContaminaciónPorPlásticos!
Lo que sucede en el ambiente, nos afecta a todos y todas
La conciencia ambiental surge del reconocimiento de que todas las personas tenemos un impacto en la Tierra, en menor o mayor medida, a través de la forma en cómo llevamos nuestras vidas. Lamentablemente, ese impacto ha sido, es, y se prevé que será negativo en las próximas décadas; pues nos encontramos en una irrefutable crisis ambiental y climática, evidenciada por el aumento de contaminantes ambientales y el calentamiento global. Lo anterior tiene repercusiones negativas en varios aspectos, uno de los más importantes es la salud humana. En ese sentido la Organización Mundial de la Salud estima que aproximadamente un 24% de la mortalidad global está asociada a factores ambientales.
En la actualidad, estamos expuestos a una gran cantidad de sustancias químicas en el ambiente, mismas que pueden ingresar a nuestro organismo y provocar un efecto en nuestra salud.
El factor ambiental más estudiado ha sido la contaminación del aire, tanto en espacios exteriores como interiores. Se trata de una mezcla de gases y partículas, cuyo origen principal es la quema de combustibles fósiles (industria, transporte) y de biomasa (leña, carbón). Las y los habitantes de las grandes ciudades son los más afectados en cuanto a contaminación de aire exterior; pero, si hablamos de contaminación en interiores, las viviendas en las cuales se utiliza biomasa como combustible, son las que tienen los niveles de contaminación más altos en nuestro país. Este tipo de contaminación aumenta el riesgo de padecer asma, diabetes y enfermedades cardiovasculares; además, exacerba enfermedades del sistema respiratorio y se ha asociado a varios tipos de cáncer, principalmente de pulmón.
El agua que bebemos también puede llegar a ser una fuente importante de contaminantes si no está tratada adecuadamente. Un agua contaminada puede contener diversos tipos de sustancias químicas, tanto naturales como artificiales. En México, los que más se encuentran son el fluoruro y el arsénico, elementos que en varias zonas del país alcanzan altos niveles en el agua.
El arsénico se ha asociado a afecciones en la piel y cáncer; así como el aumento del riesgo a padecer asma, diabetes y enfermedades cardiovasculares. El fluoruro, por otro lado, puede provocar fluorosis dental y esquelética; además, se ha asociado a efectos neurológicos, principalmente en niños.
Asimismo, el plomo, un metal pesado muy tóxico, se puede encontrar en suelo, polvo, agua, y objetos fabricados con esta sustancia. En México, la mayor problemática por plomo está en el uso de recipientes de cerámica o barro esmaltado. Este elemento afecta a los huesos y al sistema nervioso; puede disminuir el coeficiente intelectual en infantes y aumenta el riesgo a padecer enfermedades cardiovasculares.
Otro grupo de contaminantes de importancia a nivel global, son los orgánicos persistentes, llamados así porque algunos pueden durar, incluso, décadas en degradarse. Entre ellos se encuentran plaguicidas y sustancias de uso industrial. Pero, además están aquellos compuestos utilizados en la industria alimenticia como componentes de los empaques de alimentos (bisfenoles, ftalatos y PFAS), como fuente de exposición importante.
La evidencia científica señala que pueden ser disruptores endocrinos, conllevan a problemas reproductivos y del desarrollo, principalmente; afectan al sistema nervioso e inmunológico y aumentan el riesgo de padecer obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer.
No menos importante, se encuentra la contaminación emergente por plásticos, ya extendida en todo el planeta. La producción masiva de productos fabricados con plásticos, ha generado una acumulación sin precedentes de estas sustancias, que, resistentes a la degradación, permanecen décadas en el medio ambiente; reducen únicamente su tamaño, por lo que ahora existen en forma de microplásticos y nanoplásticos, dispersados en todos lados, dentro de muchos organismos vivos, incluyéndonos. Aún falta mucho por investigar en cuanto a sus efectos, pero, de acuerdo a estudios preliminares, se hipotetiza que estas sustancias podrían afectar a los sistemas respiratorio, nervioso y gastrointestinal.
No hay que olvidar el calentamiento global, que se caracteriza por un aumento de la temperatura ambiental, principalmente causado por gases de efecto invernadero que se encuentran en el aire y cuya concentración ha aumentado debido a las actividades humanas. Esto puede causar afectaciones directas a la salud, tales como aquellos asociados a las olas de calor: un mayor agotamiento y agravamiento de enfermedades cardiovasculares y respiratorias. Además, de efectos indirectos como el aumento de enfermedades transmitidas por mosquitos (dengue, zika, chikungunya), pues el clima cálido favorece su reproducción.
Para finalizar, me permito invitar a tomar esta información, no con pesimismo, sino como un conocimiento que conduzca a la reflexión: ¿Qué decisiones en pro de la sostenibilidad voy a tomar? Nuestras acciones individuales cuentan, pero, nuestras acciones comunitarias y globales, cuentan mucho más. Apoyemos el desarrollo sostenible, desde todas sus vertientes. La Tierra, nuestro único hogar, es responsabilidad de todas y todos.

Referencias:
- Día Mundial del Medio Ambiente (n.d.). ¿Qué es el Día Mundial del Medio Ambiente? https://www.worldenvironmentday.global/es/about/history
- World Health Organization (n.d.). SDG Target 3.9 Mortality from environmental pollution. https://www.who.int/data/gho/data/themes/topics/sdg-target-3_9-mortality-from-environmental-pollution
- Riojas-Rodríguez, H., Schilmann, A., López-Carrillo, L., & Finkelman, J. (2013). La salud ambiental en México: situación actual y perspectivas futuras. Salud Pública de México, 55, 638-649.
- SECIHTI (2020). Expediente científico sobre el glifosato y los cultivos GM. Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, 31. https://secihti.mx/wp-content/uploads/documentos/glifosato/Dossier_formato_glifosato.pdf
- Fry, K., & Power, M. C. (2017). Persistent organic pollutants and mortality in the United States, NHANES 1999-2011. Environmental Health, 16 (1), 105. https://doi.org/10.1186/s12940-017-0313-6
- Casillas, G., & Zarus, G. M. (2022). Identifying Research to Evaluate Exposures to Microplastics. Journal of Environmental Health, 84 (10), 36–40.
- Organización Mundial de la Salud (2021). Cambio climático. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/climate-change-and-health











Gracias Tania por compartir este artículo tan claro, contundente y necesario. Me pareció muy valioso cómo lograste vincular los datos científicos con un llamado directo a la acción colectiva, sin caer en el alarmismo, pero sí generando conciencia real. La conexión entre salud humana y medio ambiente está muy bien explicada, especialmente en el caso de contaminantes como el plomo, el arsénico y los microplásticos.
Ojalá más personas se tomen el tiempo de leer y reflexionar sobre lo que aquí planteas.
Felicidades por este trabajo tan bien fundamentado y con una mirada profundamente humana.
Felicidades Doctora por su trabajo y esfuerzo