Por: Dra. Mayra Linné Almanza Sepúlveda, Investigadora de Tiempo Completo
Ser madre es un gran acontecimiento en la vida de muchas mujeres, una experiencia transformadora en la que descubren un vínculo único, que potencia su capacidad de cuidar y proteger. A fin de prepararse para la maternidad, ya desde el embarazo, el organismo de la mujer sufre múltiples cambios —físicos, hormonales, metabólicos y cerebrales—. Sí, el cerebro de la mujer cambia, tanto en estructura como en función, por lo que se ha llegado a afirmar que, una vez madre, se es madre para siempre, no solo emocionalmente, sino también fisiológicamente.
Estos cambios son adaptativos y tienen como objetivo que la mujer pueda responder adecuadamente a las exigencias propias de la maternidad. Por ejemplo, la liberación de la hormona prolactina facilita la lactancia. Además, la modulación de un área cerebral llamada amígdala permite a la madre responder a toda hora al llanto del bebé, sin importar su agotamiento; ya que, cuando la amígdala está hiperactiva, como en el caso de la depresión, las madres tienden a mostrar respuestas evitativas o aversivas ante el llanto.
Del mismo modo, cambios en la corteza prefrontal le permiten tomar decisiones rápidas y garantizar la supervivencia de su bebé. Igualmente, gracias a la liberación de la hormona oxitocina, la madre se siente infinitamente atraída al olor de su bebé y, de este modo, genera el vínculo humano más fuerte: el vínculo materno-infantil.
Además de los cambios fisiológicos, la maternidad, particularmente en el periodo posparto temprano, exige profundas adaptaciones a la vida de la nueva madre. Durante los primeros tres meses del posparto, las madres suelen pasar de seis a 10 horas diarias al cuidado de su bebé, en tareas llamadas instrumentales, las cuales implican alimentarlo, bañarlo, cambiarlo de pañales o dormirlo. La lactancia, por sí sola, toma entre seis y ocho horas al día; por lo que la madre debe despertarse cada dos o tres horas durante la noche para alimentar a su bebé.
Aunado a ello, es importante que la madre invierta tiempo en tareas llamadas afectivas, que promueven el bienestar emocional; por ejemplo, jugar, cantar, acariciar y hablar constantemente con su bebé.
Debido a todos estos cambios y responsabilidades, la madre puede presentar dificultades como problemas de memoria, desconcentración, irritabilidad, miedo, estrés, ansiedad, e incluso, depresión.
Es frecuente que, en las primeras semanas del posparto, entre 50% y 85% de las madres atraviesen por una condición transitoria conocida como “baby blues” o tristeza materna. Las madres sienten profundo agotamiento, ansiedad por no saber cómo atender adecuadamente a su bebé, muestran llanto incontrolado y, algunas veces, lloran porque se sienten culpables, ya que creen que deberían sentir gran felicidad, pero ellas no se sienten así, se sienten cansadas y abrumadas. Por ello, es importante que las madres reciban apoyo e información oportuna, desde el embarazo, y que sepan que es normal sentirse agotada, que es normal no saber cómo enfrentar el nuevo desafío y que tienen toda una vida para aprender; a fin de cuentas, la maternidad no es una tarea sencilla.
Los síntomas del baby blues suelen desaparecer las primeras semanas después del parto; pero siempre será más sencillo sobrellevar esta condición si se cuenta con el adecuado apoyo social, principalmente de la pareja y de la abuela materna, pues se ha observado que las abuelas tienen un papel importante en la salud mental de la nueva madre, al disminuir la ansiedad y promover un mejor cuidado materno, principalmente en el posparto temprano.
Entre 15% y 35% de las madres presentará estos síntomas por más de dos semanas. En muchos casos, los síntomas se agravan alrededor de los 45 y 90 días después del parto; aunque puede persistir durante un año. Esta es una condición conocida como depresión posparto, el trastorno del estado de ánimo más común asociado a la maternidad.
Las madres con depresión posparto presentan síntomas muy similares a la depresión mayor, tales como tristeza persistente, pérdida de interés, alteraciones del sueño, fatiga, dificultad para concentrarse, cambios de peso y apetito; además de culpa asociada con la crianza, pues no forman un adecuado vínculo con su bebé, ya que con frecuencia no realizan de manera óptima las tareas afectivas.
Esto tiene profundas implicaciones en el bienestar del infante. Se ha mostrado que hijos de madres con depresión posparto suelen presentar menor desarrollo cognitivo, dificultades en su lenguaje y cambios rápidos e incontrolables en el estado de ánimo.
Las mujeres con niveles elevados de depresión posparto pueden experimentar ideaciones suicidas; y, en casos muy severos, se han reportado actos de infanticidio. Desafortunadamente, gran parte de las mujeres con depresión posparto no son diagnosticadas ni atendidas adecuadamente, por lo que después del primer año del posparto podrían desarrollar depresión mayor.
Por ello, es fundamental concientizar sobre la salud mental materna, construir una red de apoyo y promover la atención integral a las mujeres, no solo durante el posparto, sino a lo largo de toda su maternidad. Una madre sana es una familia sana.
¡Feliz día a todas las madres de la Comunidad Universitaria!












Las mujeres han sido bendecidas con la capacidad de desarrollar la vida de otro ser humano dentro de su cuerpo. Es un milagro cómo todo el organismo de la madre se adapta a tan tremendo suceso. Felicidades a todas la madres, son un ejemplo de valentía.
Dra. Mayra, gracias por los conocimientos compartidos con respecto a los cambios fisiológicos en el cerebro de una madre, que permite el vínculo materno-infantil y la importancia de la red de apoyo para la madre.
Una duda: ¿Es probable que en una persona que es madre adoptiva tenga cambios en su cerebro? ¡Gracias y Saludos!
Si es muy probable. Aunque la mujer no haya atravesado por el embarazo y el parto, la experiencia afectiva de la adopción permite algunos cambios en el cerebro de las madres adoptivas. Por ejemplo, los estímulos provenientes del bebé, cómo su olor, sumados a los intensos cuidados de la madre adoptiva, hacen que se incrementen los niveles de oxitocina generando un vínculo tan fuerte como el que se forma con una madre biológica. Lo mismo sucede con los padres, aquellos que se involucran muy cercanamente con el cuidado de su bebé incrementan su oxitocina y disminuyen sus niveles de testosterona. Gracias por leer el blog!
Excelente artículo.
Felicidades a todas las madres