Por: Hno. Roberto Medina Luna Anaya
Vicerrector de Bienestar Universitario
El 23 de septiembre de 1968 nació el Instituto de Estudios Superiores de León A.C. bajo el liderazgo del Hno. Manuel de Jesús Álvarez Campos quien, al lado del Hno. César Rangel Barrera, conformó un grupo de maestros que en poco tiempo darían forma a la Universidad del Bajío A.C. (UBAC), origen de nuestra hoy Universidad La Salle Bajío.
Así se gestó nuestra Comunidad Universitaria, mediante el encuentro de Personas, Hermanos y Colaboradores, que pusieron en conjunción sus itinerarios personales, sus sueños y energías, y decidieron asumir “juntos y por asociación”, los riesgos de un novedoso y a la vez difícil proyecto educativo que respondiera a las necesidades de las juventudes de la región abajeña de nuestro país; tal como lo hiciera en su tiempo San Juan Bautista De La Salle, el Fundador de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.
Cincuenta y seis años después, resulta familiar hablar de Comunidad Educativa, añadiéndole, por supuesto, nuevas perspectivas y horizontes. Hoy, la Fraternidad, uno de los valores fundamentales de la espiritualidad lasallista, está llamada a convertirse en el torrente sanguíneo que circule entre quienes integramos la Comunidad Universitaria.
De esta forma, al combinar unidad de intenciones con diversidad de personas, queremos vivir la cotidianidad del ambiente académico-formativo en un clima de verdadero encuentro que nos permita reconocer y valorar nuestras diferencias; pero también aceptarnos y acogernos como verdaderos hermanos y hermanas que, en alegría y esperanza, hacemos de nuestro mundo un lugar más humano y fraterno.
Para que esto sea posible, es preciso recordar que una comunidad no se constituye por decreto o por coincidencias circunstanciales; toda comunidad se construye, lo que supone el don, la entrega y la generosidad de cada una y cada uno de sus integrantes. Así, el punto de partida siempre será la persona que entra en sintonía de afecto e intenciones con los demás e integra un núcleo generador.
El anonimato es el gran peligro que acecha a cualquier persona de nuestra época; de ahí la necesidad de propiciar experiencias de encuentro, de buscar nuevos espacios y de tejer nuevas relaciones.
Por eso celebramos el Día de la Comunidad, no sólo como un hecho conmemorativo, sino como una oportunidad para hacer de la convivencia fraterna la mejor experiencia de comunión y como una invitación a forjar entre nuestros compañeros y compañeras de estudio o de trabajo, relaciones auténticas, fecundas, enriquecedoras y permanentes.
En conclusión, en estos cincuenta y seis años de historia, nuestra comunidad universitaria lasallista ha sido testigo de la transformación de vidas y el crecimiento compartido. Hemos aprendido que el verdadero sentido de Comunidad no radica sólo en compartir un espacio, sino en construir juntos una visión común, basada en la fraternidad, el compromiso y el respeto mutuo.
El reto para el futuro es continuar tejiendo estos lazos, fortalecer nuestra identidad como agentes de cambio y esperanza en un mundo que necesita más humanidad. Celebremos este Día de la Comunidad como una reafirmación de nuestro compromiso de caminar en asociación, de formar un mundo más fraterno, más justo y más solidario. En Comunidad, como auténticos hermanos y hermanas lasallistas, continuaremos escribiendo la historia de nuestra universidad, bajo un legado que trascienda generaciones.












Muy buena aportación Hermano Roberto, pero principalmente EXCELENTE reflexión.
Felicidades y sigamos festejando!!!
Gracias por compartir este conocimientos que alimenta nuestro espíritu de comunidad.
Nos sentimos orgullosos de se lasallista y nos unimos al reto para continuar tejiendo lazos.