Por. Mtro. Diego Enríquez Macías, Jefe Académico de Pregrado de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación
La humanidad, desde sus inicios, ha encontrado en las formas de expresión visual el camino hacia una comunicación en torno a la comprensión del entorno y de dejar una marca en nuestra propia historia.
Al leer estas líneas, muy probablemente evoquemos las escenas de caza retratadas sobre las paredes de cavernas. Con el paso del tiempo, la búsqueda llevó a la formación de conceptos y cánones sobre la estética gráfica y pictórica, que trazaron nuevos debates entre la expresión y la impresión, la fantasía artística y el concepto de realidad plasmada en la pintura.
Así, no es tan sorprendente que, para mediados del siglo XIX aparecieran los primeros medios fotoquímicos, después se convirtieran en lo que hoy conocemos como fotografía, y que el nuevo medio heredara en su forma, siglos de exploración estética y cánones visuales. Joan Fontcuberta señala que “la invención de la fotografía no debe considerarse un hecho aislado, sino consecuencia y culminación de la tradición pictórica que se inició en el Renacimiento y que se encaminó a la representación más fiel respecto a la percepción visual humana”.
Entonces, podemos entender cómo la fotografía apareció para convertirse en el medio visual que, indudablemente, llegó para cambiar la forma en la que, como humanidad, nos vemos a nosotros mismos. De comprender cómo el sentido de realidad es palpable y congelable entre los límites del encuadre, que desde su existencia se ha cimentado como la forma más natural de documentar nuestra historia.
Y más allá del documento visual, a lo largo del tiempo, la fotografía se ha erigido como un medio de expresión con capacidades y alcances hacia nuevas formas de exploración artística. En su evolución, hemos pasado por la era de la magia de la mecánica y la fotoquímica, hasta llegar ahora la inmediatez de la era digital.
Hoy tenemos en los inseparables aparatos que cargamos en nuestros bolsillos la capacidad de crear imágenes inmediatas y, muchas veces, tan efímeras como la velocidad del scroll de los espectadores de redes sociales. Ahora, más allá de entrever un cierto carácter nostálgico o pesimista sobre las anteriores líneas, esto nos habla de comprender a la fotografía no sólo como un medio en sí mismo, sino como una herramienta para enriquecer los nuevos medios que en la era digital se han convertido en nuestras formas más rápidas de expresión.
Esta celeridad es una verdadera ventaja en torno a la espera técnicamente necesaria entre el disparo en película y el proceso químico de revelado. Ahora nuestro proceso de revelado digital se da en segundos; y la puesta en los ojos de los espectadores, en una dimensión tan global y extensa como la comunidad de quien publica, es igual de inmediata.
En un sentido de expresión y búsqueda artística, Instagram, por citar un ejemplo de la plataforma que tal vez hoy reine en el medio de la difusión de contenidos eminentemente visuales, se ha convertido en una galería en que cada autor es curador y museógrafo. Como resultado, tenemos que, más allá de comprender y seguir las bases estéticas y cánones visuales impuestos a la técnica y la creación incluso más atrás que el Renacimiento, hoy podemos encontrar cómo hemos reformulado y creado nuevos valores más allá de lo estético.
Hoy todos somos tanto creadores como espectadores de lo visual en los espacios digitales. Formamos parte de esta nueva creación del canon de lo inmediato.

Referencias
Fontcuberta, J. (2012). Estética fotográfica. Gustavo Gili.











Genial redacción, contenido y estructura. Amo la fotografía, me transportó a mis primeras imágenes! Felicitaciones al autor.