Por: Mtro. Efraín Muñoz Mercado, Coordinador de Integridad
La celebración del Día del Padre tiene sus orígenes en las propuestas generadas en 1910 en los Estados Unidos de América, con la intención de reconocer a aquellos hombres que han ejercido o ejercen un rol presente y activo en la vida, cuidado y crecimiento de sus hijos e hijas.
A más de 100 años de aquellas iniciativas, vivimos en una época en la que se busca generar cambios profundos en las formas de ser y estar en el mundo como hombres. Replanteamos el significado de la identidad masculina tradicional, asociada con la dominación, el control emocional, la violencia y la desconexión del mundo afectivo.
En este contexto, cada vez más se plantean preguntas que pueden resultar incómodas, pero también necesarias, tales como: ¿Qué significa ser un hombre en una sociedad que aspira a la igualdad? ¿Qué alternativas o caminos existen para la construcción de masculinidades alternas y positivas? ¿Cuáles son los costos o las implicaciones de transitar ese proceso? ¿Qué implicaciones tiene esto en el ejercicio de la paternidad?
Desde la perspectiva de género, se reconoce que la masculinidad hegemónica sostiene estructuras de poder que reproducen desigualdades, y que contribuye a formas de violencia social y personal.
Asimismo, que la paternidad responsable y corresponsable es uno de los ámbitos donde este cambio es más urgente y más transformador, pues los hombres que participan activamente en el cuidado viven un proceso de liberación de las limitaciones emocionales y relacionales impuestas por el modelo tradicional.
Para andar ese camino, como lo señalan Gómez Muzzio y Muñoz Quintero (2025), es indispensable desarrollar habilidades o competencias, principalmente, de manera puntual en las siguientes áreas: vinculante, formativa, protectora y reflexiva; mismas que permiten a los hombres repensar y reconstruir su rol desde el cuidado como una dimensión ética y política fundamental, que exige superar el analfabetismo emocional que muchas veces acompaña a la socialización masculina; y, entender que cuidar a otros y a sí mismos, es una vía de humanización y libertad.
- Competencias vinculares: El conjunto de conocimientos, habilidades y prácticas cotidianas de parentalidad y crianza dirigidas a promover un estilo de apego seguro y un adecuado desarrollo socioemocional en niñas y niños. Incluyen la variedad de conductas visuales, verbales, afectivas y físicas que usan los padres para involucrar a los infantes en intercambios interpersonales, tales como besos, caricias para consolarlos, sonrisas, vocalizaciones y contactos lúdicos cara a cara; es esencial la apertura, la escucha y la cercanía emocional positiva. Los hombres que se atreven a mostrar ternura, empatía y sensibilidad no sólo fortalecen el desarrollo de sus hijos e hijas, sino que se liberan de los estereotipos de ser emocionalmente inaccesibles.
- Competencias formativas: Están dirigidas a favorecer el desarrollo, aprendizaje y socialización de los niños, niñas y adolescentes a través de la estimulación del aprendizaje, la guía, orientación y consejo en diversos momentos de la vida, la definición de normas y hábitos mediante una disciplina positiva basada en el buen trato y la socialización o preparación para vivir en sociedad.
- Competencias protectoras: Enfocadas en cuidar y proteger adecuadamente a los niños, niñas y adolescentes, resguardar sus necesidades de desarrollo humano, garantizar sus derechos y favorecer su integridad física, emocional y sexual. Asumir la corresponsabilidad en todas las dimensiones del cuidado: físico, emocional, educativo y relacional. Estas competencias se organizan alrededor de la capacidad de proveer cuidados cotidianos, lograr garantías de seguridad física, emocional y psicosexual, la organización de la vida cotidiana, así como la búsqueda de apoyo social en los distintos momentos de la crianza.
- Competencias reflexivas: Permiten pensar acerca de las influencias y trayectorias de la propia parentalidad, monitorear las prácticas actuales y evaluar el curso del desarrollo del hijo o hija, con la finalidad de retroalimentar las otras áreas de competencia parental. Esto implica anticipar situaciones de la crianza o escenarios adversos que puedan surgir, monitorear las influencias biopsicosociales sobre su desarrollo, así como la posibilidad de reflexionar sobre la propia historia con relación a la parentalidad y la calidad de la relación padre-hijo/a, así como el autocuidado parental.
Replantear la forma de construir nuestras masculinidades a través de la paternidad es un proceso que transforma tanto el ámbito privado como el público. El compromiso de los hombres con la igualdad no puede limitarse a declaraciones o discursos, debe traducirse en acciones de renuncia a privilegios, corresponsabilidad y cuidado cotidiano.
Cada gesto de acompañamiento en los deberes, de escucha sin juicio y poner límites con afecto, es también un acto político que contribuye a la construcción de una ética del cuidado que humaniza las relaciones y abre nuevas posibilidades de convivencia.
En conclusión, la paternidad, vista y ejercida desde el marco de las nuevas masculinidades, no es un destino alcanzado, sino un proceso en permanente construcción que requiere valentía para desaprender, humildad para escuchar y compromiso para cultivar el cuidado como valor central; donde ser padre, signifique desarrollar la capacidad de estar presente, cuidar y crecer junto a nuestros hijos e hijas, para construir una sociedad más igualitaria que apueste por relaciones más humanas, libres y justas.

Referencias
CEDOC. (s.d.). CEDOC. Obtenido de Centro de Documentación del Instituto Nacional de las Mujeres: http://cedoc.inmujeres.gob.mx/documentos_download/101143.pdf
Connell, R. W., y Messerschmidt, J. W. (2005). Hegemonic masculinity: Rethinking the concept. Gender & Society.
Gómez Muzzio, E., y Muñoz Quinteros, M. M. (2014). Manual de la Escala de Parentalidad Positiva (e2p). Fundación Ideas para la Infancia.
López Ramos, Á., y Fernández de Avilés, B. A. (2017). A fuego lento. Cocinando ideas para una intervención grupal con hombres desde una perspectiva de género. España: CEPAIM.











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