Por: Dra. Miriam Sánchez Gama, Responsable del Centro de Neurociencias
En marzo de cada año, se celebra a nivel mundial la Semana del Cerebro, iniciativa fundada por la Dana Alliance for Brain Initiatives en 1995 con el fin de promover el conocimiento de este órgano fundamental para el ser humano, el cual está rodeado de mitos y sorprendentes realidades.
Entendamos al cerebro
El ser humano tiene una curiosidad innata por el cerebro, la observamos desde la prehistoria con las trepanaciones o en documentos históricos como el Papiro de Edwin Smith, un tratado médico escrito por los egipcios hacia el 1600 a.C.
En las últimas décadas la combinación de esta curiosidad y el desarrollo tecnológico ha propiciado un importante crecimiento del conocimiento neurocientífico que ha entusiasmado tanto a profesionales del gremio, como a nuevos adeptos.
Con frecuencia, esta voraz curiosidad es fácilmente satisfecha cuando se le presenta a las personas información simple, digerible y razonablemente convincente que, en combinación con otros factores cognitivos, emocionales y sociales, resulta en la creencia en mitos y pseudociencia.
Seguramente habrás escuchado frases convincentes como que “sólo usamos el 10% de nuestro cerebro” o que “cada estudiante tiene un estilo de aprendizaje: visual, auditivo, kinestésico, etc.)”; y es que, ¿quién podría resistirse a la tentadora idea de que tenemos un potencial oculto o que no aprendemos bien porque no se nos enseña como debería?
En realidad, estos son mitos, pues la evidencia neurocientífica apunta a que el cerebro está activo todo el tiempo, incluso cuando dormimos; además de que se ha comprobado que no existe un estilo único de aprendizaje para cada persona, por el contrario, aprendemos todo el tiempo y a través de todos los sentidos; aun cuando no tenemos la intención de aprender, el cerebro procesa la información de manera integral, no aislada. ¿Por qué será entonces que somos más propensos a creer en estos mitos que en la información verídica?
En primer lugar, nos cuesta trabajo entender al cerebro por las limitaciones intrínsecas de ser el único órgano que se estudia a sí mismo, ¿imaginas algo más complejo que esto? Pero centrémonos en algunos factores cognitivos para explicarlo.
No eres tú, son las heurísticas
El cerebro es un órgano altamente eficiente, que tiene diversos mecanismos de procesamiento para optimizar su energía. A menudo utiliza atajos llamados heurísticas, que son reglas generales, simples y eficientes que nos permiten tomar decisiones rápidas sin profundizar en detalles y con poco esfuerzo cognitivo. Normalmente son muy útiles para decidir cosas cotidianas, pero también con frecuencia nos llevan a cometer errores de juicio.
Imagina que un amigo te cuenta detallada y apasionadamente que tenía una enfermedad grave y acudió con el Dr. Fulanito; su relato fue de tal impacto que la información la codificaste de manera accesible y fácil de recordar. La próxima vez que te enfermes, es probable que quieras consultar al Dr. Fulanito porque tienes esta información latente en tu memoria. En este caso, tu decisión se basa en la heurística de disponibilidad, pues depende de la facilidad con que recuerdas la anécdota que te contaron.
Ahora imagina que cada que abres TikTok te aparecen reels de personas atractivas y persuasivas diciendo que puedes reprogramar tu cerebro para atraer el éxito y la felicidad, o que comer carbohidratos es malo para tu cerebro ¿Les crees? ¿Tus amigos les creen? Más de alguno, quizá sí.
Otra razón por la que tendemos a creer en las pseudociencias son los sesgos cognitivos, que son errores sistemáticos en el pensamiento que nos llevan a conjeturas equivocadas o sin sustento.
Imagina ahora que una persona cree que puede manifestar sus deseos a través de pensamientos positivos, por lo que pasa todo el día buscando un suceso interesante en su trabajo; cuando lo encuentre (porque seguro lo encuentra) tenderá a creer que tiene evidencia de que sus pensamientos positivos influyen en la realidad. Esto es un ejemplo de sesgo de confirmación.
¿Recuerdas comerciales de medicamentos aprobados por los doctores y las mamás de los doctores? Esta publicidad podría propiciar que caigas en el sesgo de autoridad. ¿Te ha pasado que buscas opiniones favorables de un producto y en tus redes comienza a salir casi exclusivamente información positiva sobre ese producto y no información negativa, por lo que crees que no hay nada malo con el producto? Entonces fuiste víctima del sesgo por falta de información.
Si te identificaste con algunos de los ejemplos anteriores, no estás solo o sola, esto pasa hasta en las mentes más brillantes.
¿Realmente es tan fácil caer en neuromitos y pseudociencia?
Una investigación reciente (Khramova y cols., 2023) identificó que más de 50% de la población estudiantil, de preparatoria a doctorado, cree en neuromitos, independientemente de su nivel educativo; aunque estudiantes de áreas como física, química o biología, tienden ligeramente, a creer menos en ellos. Por otra parte, un estudio (Ferrero y cols., 2016) reveló que más de 90% de los docentes cree en neuromitos. Otro estudio (Dekker y cols., 2012) mostró que los docentes más entusiastas en integrar las neurociencias a la docencia y que tienen mayor conocimiento general sobre el cerebro, tienden más a creer en estos falsos supuestos ¿Por qué? Pues al parecer, se debe al efecto Dunning-Kruger, que es un sesgo cognitivo en donde las personas con algo de conocimiento en un tema tienden a sobrestimar su conocimiento y comprensión, lo que facilita la creencia de mitos.
Entonces, ¿por qué hacer divulgación de las neurociencias?
Probablemente a estas alturas pienses que tu cerebro no puede conocerse a sí mismo y que incluso tu curiosidad por conocer más sobre las neurociencias podría llevarte a creer en neuromitos, pero hay mucho que hacer al respecto.
Si bien, para los neurocientíficos es prácticamente imposible llevar esta información, de manera creíble, accesible y a la misma velocidad que corre la desinformación de las pseudociencias, la divulgación de la ciencia es un gran aliado.
La divulgación de la ciencia es un conjunto de actividades organizadas por el personal científico, universidades o centros de investigación, que tiene la intención de hacer accesible el conocimiento científico de más alto impacto a la población general.
Gracias a iniciativas como la Semana del Cerebro, es que podemos crear espacios atractivos para todo público que les permitan acceder a información confiable y aplicable a su vida diaria, incluso si no supieran leer o escribir. Si bien la divulgación no lo es todo y hace falta combinarla con la formación del pensamiento crítico, en definitiva, ayuda a reducir la brecha entre el conocimiento y la sociedad.
Conocer cómo funciona tu cerebro te ayudará a tomar mejores decisiones para tu salud y encontrar estrategias efectivas para aprender, regular tus emociones y mantener una buena salud mental. Por ello, desde el 2024, el Centro de Neurociencias de la Universidad La Salle Bajío se unió a esta campaña, con el fin de entusiasmar a la población general con actividades de divulgación de las neurociencias. Consulta el programa en la siguiente liga: https://www.lasallebajio.edu.mx/comunidad/documents/semana_cerebro_2025.pdf












¡Gracias Dra. Miriam, por compartir! Es muy grato realizar una lectura tan amena y formativa sobre el cerebro y el aprendizaje que es integrado, aprendiendo todo el tiempo y con todos los sentidos.
Dra. Miriam:
Coincido con la felicitación de la Mtra. Lizette Lamas: un excelente artículo!!!
Hablando de neuromitos, durante muchísimos años (desde los 80s hasta los 2000s y más allá) se difundió incluso en libros que el hemisferio derecho era el emocional y que el izquierdo era el racional. Por fortuna hoy sabemos que las funciones cerebrales no están tan hiper-localizadas, como entonces se creía.
Saludos desde Fresópolis !!!